Aprovechando el puente del Pilar, decidimos retomar las salidas al monte, que llevábamos casi un mes paradillos. Y nos planteamos subir al San Lorenzo desde el refugio Prao Tajo. Y allí que nos fuimos los tres, a darle un poco de trabajo a las botas.

Seguimos subiendo por la pista, cada vez más empinada, contemplando tejos y hayas realmente bonitos.. Poco a poco vamos saliendo del hayedo y contemplamos por fin la cima del Cabeza Parda y los Pancrudos.
Como vemos claramente el rodeo que da la pista, decidimos coger un atajo bastante más empinado, pero que nos ahorra bastantes metros. Cuando la senda del atajo se une de nuevo con la pista comprobamos que hemos llegado ya al Collado de Artaza.
La vista de la Sierra es realmente preciosa y unas vacas y caballos le dan un aire bucólico que nos hace detenernos a recrear un poco la vista. Sin embargo, no todo son buenas noticias. Desde nuestra posición comprobamos que, tanto el Cabeza Parda como el San Lorenzo están envueltos en una densa niebla que amenaza nuestro ascenso.Aún así, decidimos continuar subiendo al Cabeza Parda, pero ya no podemos seguir en manga corta como hasta entonces y es obligatorio sacar los cortavientos y los gore-tex antes de seguir caminando.
Subimos por la empinada ladera pero, al poco, nos detenemos para rediseñar nuestra ruta, ya que la niebla y la ventisca amenazan nuestra idea original. Como no sabemos el tiempo que nos va a llevar avanzar en estas condiciones, decidimos descartar momentáneamente el Cabeza Parda para intentar ascender el San Lorenzo antes de que el tiempo empeore aún más.
Así que caminamos un poco en diagonal hasta encontrar un punto desde el que intentar subir al Portillo de Nestaza. Por fín encontramos un lugar junto a un depósito de agua desde el que se puede acceder bien al portillo y comenzamos la subida. El fuerte desnivel, la pedrera y la niebla dificultan el avance, pero no hay tiempo que perder, así que seguimos subiendo a buen ritmo, aunque en ocasiones nos perdemos de vista por la niebla, aunque seguimos siempre en contacto por la voz.

Tras un esfuerzo considerable, llegamos ya al Portillo de Nestaza. Aquí la pendiente aminora y se avanza más fácil. Enseguida llegamos al telesilla de las pistas de esquí de Valdezcaray. Ya sólo nos queda el ascenso final al San Lorenzo.
No nos resulta fácil, ya que la ventisca y la niebla nos impiden divisar bien los hitos, pero la subida no tiene pérdida. Finalmente, empapados pero con mucho ánimo, logramos alcanzar la cima del San Lorenzo (2.271 m.). Afortunadamente en la cima hay un pequeño refugio metálico, que nos permite comer el bocata sin pasar demasiado frío. Lo que no podemos hacer es disfrutar de las vistas, ya que apenas vemos a 10 metros de nosotros.

En ese momento nos llevamos la sorpresa del día. Y es que apenas a 60 metros de donde estamos pasan 6 ciervos: cinco hembras y un macho de considerable cornamenta. Aprovechamos para contemplarlos todo lo que podemos antes de que se escapen a nuestra vista al otro lado de la ladera.

Completamos la parte final de la bajada a buen ritmo y comentando la jornada de monte que acabábamos de tener, hasta llegar de nuevo al refugio de Prao Tajo, donde nos esperaba la ropa seca y el calzado cómodo para descanso de nuestros pies.



La verdad es que el día era precioso: sol, una ligera brisa y una temperatura muy agradable para caminar. Dejamos el coche en el refugio y comenzamos a ascender por la pista que transcurre paralela al río, entre hayas, tejos, acebos y serbales. Una pendiente muy suave que nos permite llevar un buen paso.

En un momento dado, en el que la pista cruza mediante un puente el río Cárdenas, nos detenemos para contemplar una bonita cascada escalonada, en la que aprovechamos a hacernos unas fotillos y refrescarnos un poco.
En un momento dado, en el que la pista cruza mediante un puente el río Cárdenas, nos detenemos para contemplar una bonita cascada escalonada, en la que aprovechamos a hacernos unas fotillos y refrescarnos un poco.

Seguimos subiendo por la pista, cada vez más empinada, contemplando tejos y hayas realmente bonitos.. Poco a poco vamos saliendo del hayedo y contemplamos por fin la cima del Cabeza Parda y los Pancrudos.
Como vemos claramente el rodeo que da la pista, decidimos coger un atajo bastante más empinado, pero que nos ahorra bastantes metros. Cuando la senda del atajo se une de nuevo con la pista comprobamos que hemos llegado ya al Collado de Artaza.
Así que caminamos un poco en diagonal hasta encontrar un punto desde el que intentar subir al Portillo de Nestaza. Por fín encontramos un lugar junto a un depósito de agua desde el que se puede acceder bien al portillo y comenzamos la subida. El fuerte desnivel, la pedrera y la niebla dificultan el avance, pero no hay tiempo que perder, así que seguimos subiendo a buen ritmo, aunque en ocasiones nos perdemos de vista por la niebla, aunque seguimos siempre en contacto por la voz.
Tras un esfuerzo considerable, llegamos ya al Portillo de Nestaza. Aquí la pendiente aminora y se avanza más fácil. Enseguida llegamos al telesilla de las pistas de esquí de Valdezcaray. Ya sólo nos queda el ascenso final al San Lorenzo.
No nos resulta fácil, ya que la ventisca y la niebla nos impiden divisar bien los hitos, pero la subida no tiene pérdida. Finalmente, empapados pero con mucho ánimo, logramos alcanzar la cima del San Lorenzo (2.271 m.). Afortunadamente en la cima hay un pequeño refugio metálico, que nos permite comer el bocata sin pasar demasiado frío. Lo que no podemos hacer es disfrutar de las vistas, ya que apenas vemos a 10 metros de nosotros.
Una vez que hemos repuesto fuerzas y nos hemos secado un poco, comenzamos el descenso. Al llegar de nuevo al Collado de Artaza, donde vuelve también el buen tiempo, nos detenemos de nuevo para contemplar con los prismáticos el vuelo de unos buitres y alguna que otra ave que, por su distancia, no llegamos a distinguir del todo.
En ese momento nos llevamos la sorpresa del día. Y es que apenas a 60 metros de donde estamos pasan 6 ciervos: cinco hembras y un macho de considerable cornamenta. Aprovechamos para contemplarlos todo lo que podemos antes de que se escapen a nuestra vista al otro lado de la ladera.
Completamos la parte final de la bajada a buen ritmo y comentando la jornada de monte que acabábamos de tener, hasta llegar de nuevo al refugio de Prao Tajo, donde nos esperaba la ropa seca y el calzado cómodo para descanso de nuestros pies.
Os dejamos más fotos.
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